Si necesitas a alguien para ser feliz ... eso no es amor. ES CARENCIA.
Si tienes celos, inseguridad y haces cualquier cosa por mantener a alguien a tu lado, aún sabiendo que no eres amado ... eso no es amor. ES FALTA DE AMOR PROPIO.
Si crees que tu vida queda vacía sin esa persona ... no consigues imaginarte solo ... y mantienes una relación que se acabó ... eso no es amor. ES DEPENDENCIA.
Si piensas que el ser amado te pertenece te sientes dueño y señor de su vida y de su cuerpo... eso no es amor. ES EGOISMO.
Si no lo deseas ... no te realizas como hombre o mujer con esta persona, prefieres no tener relaciones íntimas con ella, sin embargo sientes agrado al estar a su lado ... eso no es amor. ES AMISTAD.
Si discuten por cualquier motivo, les falta acuerdo en diversas situaciones, no les gusta hacer las mismas cosas ... pero hay un deseo de estar íntimamente juntos .... eso no es amor. ES DESEO.
Si tu corazón late más fuerte, el sudor se pone intenso, tu temperatura sube y baja, sólo en pensar en la otra persona ... eso no es amor. ES PASION.
Ahora, que ya sabes lo que NO ES AMOR, es más fácil analizar lo que pasa contigo y procurar atraer a alguien por la que sientas afecto, deseo, pasión, necesidad , ansiedad ... y que este alguien sienta lo mismo por ti.
"He contado mis años y he descubierto que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que he vivido hasta ahora... Me siento como aquel niño al que regalan una bolsa de caramelos: los primeros se los come feliz, pero, cuando se percata de que quedan pocos, comienza a saborearlos profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, en las que se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se conseguirá nada. Ya no tengo tiempo para soportar personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para perderlo con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan ‘egos' inflados. No tolero a los manipuladores ni a los aprovechados. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus puestos, sus talentos y sus éxitos. Detesto, si soy testigo, los efectos que genera la lucha por un cargo importante. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos, si acaso... Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa... Con pocos caramelos en la bolsa... Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reirse de sus errores. Que no se vanaglorie con sus triunfos. Que no se considere elegida antes de tiempo. Que no eluda sus responsabilidades Que defienda la dignidad humana. Y que desee únicamente caminar al lado de la verdad y de la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena vivirla. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas ... Gente a quien los duros golpes de la vida, le han enseñado a crecer con suaves carícias a su alma. Sí... tengo prisa... para vivir con la intensidad que nada más que la madurez puede dar. Pretendo no malemplear ni tan solo uno de los caramelos que me quedan. Estoy seguro que seran más exquisitos que los que me he comido hasta ahora. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres estimados, y con mi conciencia.
Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también llegarás..."
A menudo la vida nos juega malas pasadas pero lo importante es volver a levantar y afrontar el futuro con esperanza y optimismo. Montaje del Pilar de 4 Caminando subiendo las escaleras de la Catedral de Girona. Octubre 2010
Decidimos unirnos a otra persona para construir algo en común. La pareja, por lo tanto, es la sociedad más pequeña que existe y donde invertimos gran parte de nuestro capital afectivo. Normalmente esta unión se realiza con la idea de que nos permitirá a ambos salir ganando. Pero, como en toda sociedad, uno de los peligros que acechan a la pareja son las luchas de poder. Éstas suelen darse cuando se olvida que existe un proyecto en común y uno o ambos miembros intentan imponer sus reglas y sus objetivos individuales.
La manipulación emocional es una de las prácticas más utilizadas en las batallas de pareja. De forma inconsciente o voluntaria se exige a otra persona que actúe según los propios deseos o necesidades, utilizando los sentimientos como arma. Los celos, las amenazas directas o veladas, la exigencia, infundir sentimientos de culpa o incluso una actitud victimista, son algunas de las estrategias manipulatorias más utilizadas.
A menudo no es fácil reconocer el chantaje emocional, dado que a veces está tan infiltrado en nuestras relaciones que no nos percatamos de cuándo somos víctimas de él ni cuándo lo empleamos. La pareja, por ser un espacio donde están sumamente implicados los sentimientos y muchas decisiones, supone un terreno idóneo para que aparezca.
Cuando la manipulación es constante o insidiosa puede actuar como carcoma en las bases de la relación, desgastando a la pareja. Entonces de la unión no se derivan ganancias, sino pérdidas, o sólo se enriquece uno de sus miembros, mientras que el otro resulta cada vez más empobrecido. Reconocer este juego de dominación es la única manera de desactivarlo.
A veces se piensa que la manipulación es cosa de personas maquiavélicas o terriblemente egoístas, cuando en realidad todos, en un momento u otro, hemos utilizado algún tipo de chantaje emocional. La manipulación está presente cuando intentamos controlar lo que dice o hace otra persona, cuando le exigimos algo sin dejarle posibilidad de elegir, o cuando nos empeñamos en que cambie y se adecue a lo que deseamos.
Detrás de la manipulación, por lo tanto, existe una búsqueda de poder y control ante la inseguridad que despierta la libertad de acción de otra persona. Con diferentes estrategias se intenta tocar alguno de sus puntos débiles para que en vez de que se deje llevar por sus propios deseos se ajuste a nuestras necesidades. De este modo uno siente que lleva las riendas de la relación y eso aporta una agradable sensación de seguridad.
El chantaje emocional puede adoptar diferentes formas. La clave está en provocar una mezcla de miedo, obligación y culpa para que la pareja acabe sucumbiendo a las propias expectativas. Para ello se pueden emplear estrategias tan diversas como:
El castigo: Se amenaza, de manera directa o implícita, que si no se realiza lo que uno desea habrá que atenerse a consecuencias negativas. Por ejemplo: "Si no vienes hoy conmigo, no esperes que mañana te acompañe".
El autocastigo: En este caso la amenaza va dirigida a dañarse a uno mismo para hacer sentir culpable al otro. "Si tú no me quieres la vida no tiene sentido para mí, así que me abandonaré".
Las promesas: Se ofrecen promesas maravillosas a cambio de que se acate la propia voluntad, pero no siempre se cumplen. "Si sigues conmigo te prometo que cambiaré y que seremos felices".
El silencio: Supone una manera fría de mostrar enfado, en que el otro siente que sólo si cede logrará mejorar el clima relacional.
Hacerse la víctima: Es una exigencia disfrazada de sentimientos de lástima y culpabilidad. Como, por ejemplo: "Si no vienes a verme estaré todo el día sola".
Dar para recibir: En ocasiones dar u ofrecer cosas se utiliza para atar a la otra persona. "Dado que te ayudé ahora merezco algo a cambio".
Culpabilizar: Se utilizan reproches o comentarios críticos para que alguien se sienta culpable y así corrija su actitud o su comportamiento.
CÓMO DETECTAR LA MANIPULACIÓN Por lo general, la manipulación nos hace sentir que estamos en una situación que no tiene fácil salida. Si accedemos a la petición debemos renunciar a nuestros deseos o necesidades, mientras que si no lo hacemos aparecen sentimientos de culpabilidad o miedo a ser rechazados o a que la otra persona se enfade.