
La mitomanía no es una enfermedad en sí misma, pero ese impulso incontrolable que los lleva permanentemente a mentir, corresponde a un conjunto de síntomas que pueden presentarse en diversas enfermedades psíquicas, particularmente en trastornos de personalidad.
En general, todo mitómano pasa primero una fase de omnipotencia, en que dice muchas mentiras y piensa que todos le van a creer; posteriormente, llega una etapa de deterioro o caída del narcisismo mentiroso en que se presentan constantes contradicciones y ya nadie le creé; habla de su vida y no le hacen caso, no lo toman en cuenta para cosas importantes, no le dan responsabilidades, lo corren del trabajo y, en la familia, ya no puede hablar de ciertas cosas, le restringen el acceso a objetos o información. Se va cercando o acorralando, hasta que se relaciona con gente con grados de madurez y evolución muy bajos, inmiscuyéndose en situaciones de riesgo.
Se cree que la persona adicta a mentir encuentra en la falsedad y en la exageración, una vía de escape a sus dificultades-
Lo que diferencia al mitómano de un mentiroso es que este último inventa mentiras para defenderse o protegerse, con una finalidad, pero en el mitómano prevalece lo compulsivo de la mentira, sin ninguna motivación.
En general, se establecen tres tipos (o niveles) de mentirosos:
• En primer lugar están los mentirosos sociales, ellos mienten porque necesitan una excusa. Para algunos son "mentiras piadosas", que no buscan causar daño .
• Un paso más arriba están los mentirosos frecuentes, que sí son conscientes de que utilizan una mentira para lograr sus objetivos y no miden las consecuencias.
- Finalmente, se encuentran los mitómanos, un gran dolor de cabeza para sus familias. El problema radica en que la mentira se convierte en su razón de existir; un camino largo que se construye a diario con un mundo falso muy alejado de la realidad.
Que pena hacer de la mentira la forma de vida.
