Toda mujer merece un Iker Casillas en la vida

De niña no me negué a leer. Por el contrario, leí profusamente cuanta historia cayó a mis manos. De todas éstas, las que me obstinaron fueron las historias que terminaban con "un beso de amor verdadero". No recuerdo los detalles ni las causas, sólo la difusa obstinación por averiguar si en la vida real estos finales eran posibles.
En medio de la consternación familiar ante mis suspicaces e ingenuas preguntas, tomé una decisión radical: no existen. Esos finales de cuentos de hadas, no existen.
Había perdido la esperanza de encontrar una respuesta a mi vieja obstinación y con una convicción que me produce envidia hoy día, archivé el tema... hasta que nuevamente me conmoví al extremo con la imagen del beso que el capitán y portero de la selección española de fútbol, Iker Casillas, le dio a su novia Sara Carbonero, reportera de un canal de televisión español, tras la victoria de España.
¡Qué maravilla que la histeria del fútbol culmine con un gesto espontáneo y romántico!
Este beso entre Casillas y Carbonero se encuentra entre los videos más vistos en Youtube, ha sido transmitido por televisión y replicado en casi todos los periódicos digitales del mundo, es el tema de conversación en redes sociales como Twitter y Facebook, y probablemente será recordado como el mayor gesto de amor de Sudáfrica 2010.
Sara Carbonero fue culpada de la derrota de España frente a Suiza en la primera ronda del mundial. Los medios internacionales, sobre todo los ingleses, aseguraron que fue su presencia la que hizo que Casillas se desconcentrara.
Por si fuera poco, ambos fueron acusados de explotar su relación con fines económicos y de rating para el canal en el que trabaja la periodista. Pero más allá de la polémica, no podemos negar que el gesto alimenta los sueños de infancia.
Es cierto que vivimos en tiempos de recambio, donde todo es desechable, incluso el amor. Pero me siento estremecida ante la posibilidad de que los finales con "beso de amor" son posibles y que al contrario de lo que muchos creen, las declaraciones públicas de pasión no están en vías de desaparecer.
Yo, que alguna vez me negué con todas las energías a encontrar una respuesta a mi obstinación, francamente no puedo después del último beso del planeta.
No sé. ¿Para qué vivir en un mundo donde no puedo imaginar ni sentir? Me puedo equivocar. Pero toda mujer merece un Iker Casillas en la vida.
Por Muñoz Encinas Paula
