CRITICA DE CINE
Caza a la espía
Aunque el título nos haga pensar en un thriller de suspense y acción, este film de Doug Liman se inspira en la historia real del matrimonio formado por Joseph Wilson y Valerie Plame, quienes sufrieron el acoso institucional y mediático por negar la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.
Se trata de un perfecto ejemplo de cine liberal estadounidense, ese que ataca los tejemanejes de los gobernantes o los poderosos, pero siempre basándose en los principios fundamentales en los que se basan la Constitución y la Democracia del país. Aquí no se queman banderas, ni mucho menos.
El héroe del film, interpretado por Sean Penn y basado en el político Joe Wilson, peca de exceso de celo en su cruzada por la verdad, poniendo en peligro a su esposa y sus hijos, un detalle que podría haber sido explotado con más detalle, y que forma parte de la trama más interesante de la película. Una trama que no es otra que el complicado matrimonio entre un político de izquierdas y su mujer, una agente de la CIA que no puede explicar nunca a su marido en qué lugar del mundo está trabajando y qué peligros está corriendo.
Caza a la espía se sitúa de manera evidente en la onda de películas como Todos los hombres del presidente , tanto por mostrar de manera dramática hechos históricos recientes desde dentro.
La película basa toda su fuerza en la pareja protagonista, Sean Penn y Naomi Watts, que repiten colaboración tras 21 gramos), . En esta ocasión, salvo algún puchero típico de Penn, las interpretaciones nunca llegan a ser tan extremas, y los actores pueden ejercitar más la sobriedad.
En resumen, Caza a la espía es cine político, algo simplista, pero de nobles intenciones y destinado exclusivamente a un público adulto.
